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lunes, abril 12, 2010

Post: Bryan y Martín Almanza Salazar

Pregunta 1
¿Cómo entender las acciones que orillaron a un grupo de militares para abrir fuego contra una familia que viajaba en su camioneta y que se detuvo para ser revisada en un retén?
Pregunta 2
¿Habrá sido porque dos de los tripulantes sacaron un par de cuernos de chivo y amendrentaron a los integrantes de la panda de soldados que -finalmente- los ultimaron a tiros?
Pregunta 3
¿Qué riesgo inminente de destrucción masiva habrá empujado a los militares involucrados en este incidente a después de exterminar a dichos peligrosos individuos, lanzarles una granada dentro del vehículo?

Quiero pensar que en su afán de exterminio del mal desecharon la idea de preguntar antes de disparar... ¿qué habría sido de esos pobres elementos de la milicia, sino hubiesen repelido la mortal agresión?.. a no ser que los "sicarios armados hasta los dientes" llevaran en las manos artículos como palitas y cubetas para jugar en la arena... porque los presuntos eran nada más, ni nada menos, que un par de menores que iban en su camino a la playa en compañía de sus hermanas, primos y padres...

Y después hay que hablar bien de México... pero ok, hablemos bien... digamos que estuvo excelente que los soldados remataran a los niños, que le destrozaran la mano al padre y que persiguieran al resto de la familia a balazos... cierto, a eso podría el gobierno federal encabezado por Felipe Calderón, calificarlo como hablar bien de...

martes, octubre 07, 2008

Un posible camino

Yo sé que es estúpido, y que probablemente raye en una inocencia vana y llena de estulticia; pero lo he estado meditando por un tiempo ¿Qué necesita este país para acabar con la impunidad y corrupción? ¿Castigos más severos? ¿Tendríamos que preguntárselo a quien la ejerce a destajo? Es decir, para saber que castigo y medidas tendríamos que imponer ¿Habría que preguntarle a quien pertenece al sistema en cuestión y sacarle, de alguna forma, una opinión respecto a qué hacer cuando se aprehenda a quien transgrede las normas establecidas? o al contrario ¿Necesitamos la imposición de un estado represor?

Por ejemplo, si alguien quisiera saber que se debe hacer con aquellas personas que se dedican al plagio y asesinato de personas ¿Debemos preguntarle a aquellas bandas delictivas que actúan con mayor brutalidad contra sus víctimas? ó ¿Debemos preguntarle a aquellos que en este momento se encuentran en prisión "purgando" condena? ¿Acaso tendríamos que preguntarles que fue lo que los llevó hasta allá? Y a partir de ahí ¿Deberíamos sacar encuestas/estadísticas? ¿Analizar los datos? ¿Actuar en consecuencia? ¿Con qué mecanismos? ¿Tendríamos que hacer lo mismo con los narcotraficantes?

Por otro lado, si quisierámos saber que hacer con aquellos delincuentes de "cuello blanco", incluidos funcionarios del gobierno -de todos los niveles-, empresarios que burlan medidas, restricciones y evaden impuestos; líderes de comerciantes ambulantes y banqueros (sobre todo aquellos que propiciaron la caída y posterior privatización de las instituciones financieras en México) ¿Deberíamos preguntarles que deberíamos hacer para reforzar las medidas y seguridad contra fraudes, lavado, componendas, clientelismos, desvíos de dinero y sobornos?

Si quisieramos acabar con "el corporativismo" y el "clientelismo" que inundan a sindicatos y burocracia ¿Deberíamos tener una entrevista totalmente honesta con aquellos que piensan que tanto el erario público como las plazas laborales son de su particular propiedad? ¿Todo para conseguir, de primera mano, los elementos que privan en sus respectivos medios, a fin de impedir que sigan violentando al país con chantajes y prebendas?

Si quisieramos actuar contra tratantes de blancas y/o redes de pedófilos ¿Deberíamos cuestionar a individuos como Succar Kuri, Kamel Nacif y demás implicados en el libro "Los demonios en el Edén", a fin de encontrar las medidas preventivas adecuadas? ¿Tendríamos que indagar las razones de Mario Marín para proteger a dichos e insomnes personajes? ó ¿Solamente deberíamos imponer la castración química?

En este país donde las "misteriosas" agrupaciones de ultraderecha desprecian a la sociedad civil, pues para ellos los únicos y legítimos representantes de la comunidad son aquellos líderes empresariales, esos otros dueños de inversiones privadas, y por supuesto, los banqueros. En cambio las agrupaciones de la defensa de los derechos humanos, a pesar que sean lideradas por conocidos filántropos o personalidades del mundo del espectáculo, la cultura y/o las letras, representan para ellos una tendencia de izquierda que únicamente busca desestabilizar al gobierno y a los que comulgan con él, para esos “Minutemen” las Organizaciones No Gubernamentales (ONG's) solamente representan una molesta piedra en el zapato.

Pero ¿qué pasa cuando debemos sojuzgar a la impunidad más cercana, aquellas que nos es cotidiana, familiar? ¿Cómo debemos lidiar con ella? ¿Dejándola ser-estar o parecer? ¿Participando de ella? Porque debemos recordar que somos precisamente nosotros los que la propiciamos en mayor medida, sobornando a policías, ministerios públicos, supervisores, inspectores y jueces. Porque no es justificable que mientras una ley cualquiera no nos afecta, podemos apegarnos a ella, y cuando nos afecta negativamente, buscamos la manera de desentendernos totalmente de ella, ignorar a las autoridades y a toda esa plaga de burócratas que sólo saben vivir de sangrarle a uno el bolsillo.

¿No queremos impunidad, ni vicios, ni delincuencia? Pues no seamos los que inicamos el ciclo, asumamos nuestra responsabilidad, nuestra obligación y acabemos de una buena vez con todos aquellos círculos que rodean a la vida nacional ¿Qué preguntas -honestas- tendríamos que hacernos para desterrar prácticas desleales y corruptas?

¿Debemos esperar sentados a que el gobierno federal haga algo al respecto? ¿Debemos esperar que los capos del crimen organizado se comporten con un poco más de sesos y dejen en paz a la población civil? ¿Debemos esperar a que alguien inicie alguna cadena para comenzar a cambiar las cosas o modificar nuestra ideología? ¿No sería más fácil una sumar acciones?

Si lo dejamos todo al libre albedrío, a la pura casualidad, nada ocurrirá y seguiremos diciendo: "Este es el país de "Aquí no pasa nada""

P.D.
Pequeña lista de acciones mínimas:
1.-Si te van a multar por alguna infracción de tránsito, acéptala, es tu obligación, pues manejar no es como muchos creen (incluidos los choferes de peseros y/o microbuses), algo nimio y con escaso sentido de civilidad, al contrario, es una enorme responsabilidad, pues mucha gente (no solamente los pasajeros que van con nosotros) depende que se haga correctamente.
2.-Si te van a sancionar por no pagar tus impuestos en regla y forma, no le hagas como la inmensa mayoría de los empresarios chupa-sangre del país, corrige tus cuentas para que no te vuelva a ocurrir, paga tu multa y deja de preocuparte por las cuestiones de Hacienda. Es mejor actuar a tiempo que dejarlo pasar, obviamente si optas por esto último, es claro que sufrirás tú solo las consecuencias de tus actos.
3.-¡Y por Dios! ¡No te pases las luces rojas de los semáforos! ¡Una cosa es ser naco y otra un automovilistas estúpido e irresponsable! No por pasarte un alto llegarás más rápido a tu destino eso te lo aseguro. Deja que los bobos carguen con la oligofrenia, tú dedícate a cumplir tu parte.
4.-Presta atención a las necesidades de los demás. Si requieren tu ayuda brindala sin dilación, la próxima ocasión puede que seas tú el que se encuentre a la orilla del camino sin ningún tipo de auxilio.

lunes, agosto 25, 2008

¡Vaya propuesta!

Desde hace unas semanas, el actual gobernante del Distrito Federal (D.F.), Marcelo Ebrard, ha tratado de impulsar una iniciativa que intenta frenar el rampante e ilícito negocio del secuestro en la Ciudad de México. Esquema que él desearía, se pudiera implantar en todo el país. Sin embargo, y a pesar de los pseudo-intelectuales y supuestos profesionistas que le rodean para asesorarle a crear inteligentes proyectos como éste, la propuesta es verdaderamente demencial.

Según este proyecto, todos aquellos ciudadanos y residentes en territorio nacional que sufran el secuestro de un familiar, conocido o amigo, no podrán pagar rescate, pues se convertirían de facto, en acreedores directos a diversos tipos de sanción, que van desde multas administrativas, hasta una forzada visita a alguna institución penal. Asimismo, aquellos individuos que se enteren de un caso de rapto y no lo comuniquen “oportunamente” a las autoridades “competentes”, sufrirán el mismo destino.


Lo mejor en este asunto, sería que el primer mandatario del D.F. dejara de "hablar tanta paja", y se dedicara en cuerpo y alma a ejecer, plena y pragmáticamente, el cargo que tantos mexicanos le sobre-pagan (por sus míseros resultados), tanto en especie como en efectivo.


Sabemos de antemano que las corporaciones policíacas, encargadas de enfrentar a la delincuencia, están plagadas de dinero del narco. Y cómo no habrían de estarlo, si así nacieron. Los grandes jefes partidistas y sindicales, políticos, magistrados o directores de departamentos judiciales de antaño, siempre fueron señalados por testigos como los verdaderos capos del narcotráfico en México ¿Cuántos de nosotros no hemos sabido únicamente “de oídas” que personas como “el profesor” Hank González ó “El negro” Durazo eran señaladas como presuntos “jefes de familia”? Y si no ejercían como tales, seguro sí protegían los intereses de los implicados. El silencio era la única ley vigente en ese obscuro y violento mundo de complicidades.

Desgraciadamente para “la tranquilidad social”, actualmente eso pareciera haber caído en el desuso, pues ahora es todo lo contrario.


Entre más ruido se haga, pareciera que se goza de mayor notoriedad, poder e importancia. Únicamente de esa forma se explica cómo individuos de las altas esferas vivan cínicamente de “sus rentas”, conviertidos en afamadas personalidades “en el mundo de la farándula”. Cabecillas irredentos de bandas delictivas que asolan al país. Gobernadores en estados fronterizos, policías federales, judiciales, jueces, ministerios públicos, procuradores de justicia, y una larga cadena de etcéteras, se extiende por la nación.


Los tiempos en que el estado gobernaba toda extensión criminal en territorio mexicano, llegaron a su fin y el vacío que dejó la ausencia de esos antiguos mafiosos, suscitó las condiciones exactas que sobrevinieron y que sufrimos ahora, donde el caos que impera hoy día en las instituciones gubernamentales, permea a toda la sociedad. Clara evidencia de corrupción e impunidad que ha devenido en cáncer, el cual mina todas las expectativas de vida, estabilidad, paz y combate efectivo de la federación contra el crimen, pues éste sí se encuentra totalmente organizado.


Pareciera que los únicos que podemos pagar por las omisiones, negligencias, perversiones, evasiones fiscales, impunidad, clientelismo, corrupción y diatribas gubernamentales, somos los ciudadanos, esa golpeada Srita. Sociedad Civil, esa misma cansada de atropellos torpes, promesas impolutas y nunca cumplidas y "más de lo mismo", la cual ve reflejado su cansancio en los interminables discursos de las autoridades en turno. De ahí, que la propuesta del Gobierno del Distrito Federal (GDF), sea solamente una rapaz manera de adquirir notoriedad, en un momento crucial para los residentes en México, sean extranjeros o nacionales.


¿Por qué gravar más a la sociedad en su conjunto? ¿Por qué impulsar una iniciativa que a todas luces sólo se cumplirá para aquellos que menos tienen? Cosa común en suelo azteca. La impunidad con la cual se acepta la corrupción, es la que en realidad resta toda fuerza a los llamados de la gente para que se acabe con la delincuencia.


¿Por qué ese torpe afán de condenar a los ciudadanos si pagan un rescate? ¿Por qué sentenciarlos a prisión si no denuncian por miedo a los secuestradores? ¿Acaso las fuerzas del orden cumplen al condenar a criminales? Sí, esos mismos que salen libres bajo cualquier pretexto, y quienes dejan tras de si, procesos donde fueron absueltos de penas judiciales por falta de evidencia y testigos en su contra, pero que regresan con el firme propósito de victimar a aquellos que tuvieron el valor de denunciarlos.


¿Cómo denunciar, cuando se sabe de antemano que muchos de los policías en activo son parte de las redes criminales? ¿No le pasó así al niño Martí? ¿Cómo entender la propuesta de un ejecutivo local como Marcelo Ebrard para supuestamente "cerrar la llave" del dinero a secuestradores, justificando sus golpes contra la sociedad, arguyendo que así se verá que los ciudadanos deberán denunciar y no pagar nunca más a criminales? ¿No sería un asunto de sentido común, que en vez de aplicarle "mano dura" a los ciudadanos, se aplicara justamente esa misma ley, conforme al estado de derecho (y de la que tanto se jactan los funcionarios mexicanos) contra criminales de todo tipo, desde los secuestradores y narcos, hasta delincuentes de cuello blanco, funcionarios corruptos y policías criminales? Igual y al hacer esa supuesta “limpia”, todas las oficinas de gobierno quedan vacías.


Por otro lado, ¿Ustedes creen que los delincuentes se van a detener a pensar que si secuestran a alguien, la familia, conocidos o amigos del plagiado en cuestión, serán encarcelados y sentenciados por apresurarse a entregarles dinero? ¿Ustedes creen que esta medida impedirá que crudos malhechores detengan sus acciones de seguir extorsionando a las personas que capturan para que los demás integrantes del núcleo familiar del rehén no sean sancionados por las autoridades correspondientes? ¿Acaso no suena estúpido? La verdad no sé si reir o llorar…


Esto lo único que acarreará, será un menor índice de denuncias públicas. De ahí en fuera, y gracias a tales cifras, las autoridades se pavonearán diciendo que ha bajado el indicador delictivo. De verdad, hay que ser, no palurdo, sino verdaderamente un ente alienado, venido más allá de Kriptón, desvinculado de la sociedad a la cual aparentemente gobierna, para aventarse a soltar tales idioteces. No es posible que los constructores de inciativas como ésta, se solacen en su porquería, pretendiendo esgrimir una solución mágica a un problema tan complejo. Se necesitan verdaderas razones, “acciones” y propuestas, no verborrea taradúpida, disfrazada de una supuesta reflexión pensante.


Si Marcelo Ebrad verdaderamente busca acabar con la delincuencia ó con la impunidad, en la metrópoli más grande del mundo, debería terminar con las redes de clientelismo que apoyan la proliferación de comerciantes ambulantes tanto en las calles, como en el sistema de transporte colectivo, mejor conocido como Metro. Pero ahí sí, nadie comenta nada ¿verdad? O ¿Qué pasa con los casos probados de corrupción y soborno entre autoridades locales? ¿Por qué no se les condena, encarcela é impide tomar posesión de cargos públicos de forma indefinida? ¿Y qué sucede con los mandos policiales que tienen que salir de las corporaciones judiciales por probárseles malos manejos o conductas indebidas? ¿Por qué sobre ese aspecto nadie de su gobierno dice nada?


Disculparán ustedes este post, pero la verdad, la oligofrenia extrema del Estado mexicano, es una de las cosas que más me molestan en el mundo, máxime en los casos en los cuales los que proponen burradas como la citada anteriormente, sólo buscan ganar importancia en los medios de comunicación, en pos de una carrera electoral presidencial, aún sin definir.