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viernes, junio 12, 2009

La naturaleza llama...

Ser Outsider de los outsiders tiene sus ventajas y su precio, sin duda. Por un lado, es casi obvio decir que una de las ventajas que eso presupone, estriba en que se puede decir lo que sea y nadie se fijará demasiado a detalle como para hacer un juicio de escarnio sobre uno. En algún momento puede que lo dicho por "un ente" -como un servidor- se utilice para beneplácito, risilla fácil, chiste de sobremesa, beneficio a la salud, teatro, danza, performance, happening, material para un libro, película ó radio novela, y hasta sin proponérselo, como un elemento para el conocimiento general. Nada que una buena taza de café, un pastelillo bajo en calorías, un antojadizo helado de chocolate ó un Kinder Sorpresa no puedan aportar en su justa medida.

Ser un outsider ha sido la posición de casi toda mi vida, y nunca supe porqué. No sé, circunstancias de la vida, educación, valores inculcados por una familia altamente disfuncional, el enfrentar una escuela nueva a cada "primera de cambio", empezar de cero en más de una ocasión, ser el puntito negro de un gran mantel blanco en mi Alma Mater, reir a carcajadas y estruendosamente, hablar de tópicos que a nadie interesa ó nadie quiere escuchar, platicar con intensidad sobre los temas que me importan, saber de antemano las respuestas a algunas preguntas que suelo hacer, hablar sin miramientos y con la verdad, tener un humor básico y sencillo, reirme de mí mismo cuando nadie más lo hace, enojarme por cosas triviales, molestarme por los excesos de la gente, "encabronarme" por las injusticias en el mundo, no dar dinero a los pobres en los cruceros de autos, saber chistes viejos y que los chicos de generaciones anteriores los tomen como nuevos, creer que los mexicanos somos ciudadanos del mundo y que podemos ser la mejor nación del planeta -incluyendo la humildad necesaria, buen corazón y la inteligencia para reconocer nuestros errores-, hablar inglés-japonés en un país en el que apenas y si se habla correctamente y donde los pueblos originarios usan mejor su lengua que todos los demás mestizos utilizamos el español, culpable que me gusten las comedias gringas... en fin razones y justificaciones hay de sobra.

Pero ser un outsider a ese nivel, también tiene su costo, y por algunos momentos, éste puede ser no muy querido, y llegar a ser terrible. El sentirse desplazado, parte de un círculo, donde uno es el centro, ó mínimo tangente, marginal, y hasta malquerido, poco apreciado, apenas tolerado, anarquista en un "mundo de bien", un punk en una fiesta de rosa, un gótico que asiste a un banquete de niños de la Ibero, un Emo enmedio de la glorieta de Avenida de Los Insurgentes en guerra contra otras tribus urbanas. Como dije todo tiene su costo, hasta las analogías...

Definitivamente soy un Outsider de los outsiders, no hay más "vuelta de hoja", no hay forma de evitarlo, mi ideología, mi forma de ser y reaccionar, siempre causan estragos en mis relaciones personales y laborales. Mis palabras en muchas ocasiones no tienen freno, mis actitudes rayan en un "Shit, I did it again, fuck", y a pesar de ello el humor persiste -bueno o malo-, dependiendo del momento. Soy una mezcla rara entre: "me importa"-"life is a bitch"-"Who gives a damn"-"Soy lo que ves"-"Give some grunge dude". Lo sé y lo asumo: soy completamente humano, una paradoja como el que más.

Pero sigo buscando. Sólo ha habido tres momentos grandiosos en mi complicada vida y que me alejan un poco -cada vez más- de esta intensidad en la que vivo: Cuando me casé con la mujer que amo y cuando nacieron mis dos hijos -aún pequeños los dos. De ahí en más, no sé, creo que hasta llego a ser un poco/mucho misántropo.

Y al final, ser un Outsider tiene sus recompesas... sobre todo cuando viajas contracorriente, y no hay nadie más a tu alrededor:
Why should we be in such desperate haste to succeed, and in such desperate enterprises? If a man does not keep pace with his companions, perhaps it is because he hears a different drummer.

Imagen: A schizophrenic drawing by mental hospital patient Adolphe Wolfli

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jueves, mayo 29, 2008

Generación Y

Antes que nada, quiero disculparme con los tres lectores de esta pobre y escéptica bitácora virtual, pues la he tenido en “stand by” desde hace un tiempo. Al grano: No porque no haya plasmado nada, significa que tenga abandonado este espacio y que no piense todos los días en él, a fin de escribir algo que sienta que vale la pena. Podría, por ejemplo, describir algún incidente sin importancia, algún acontecimiento cotidiano, sobre cómo me fue en el trabajo, cómo está la familia, los amigos, el último viaje y cosas similares. Si Susanita la bolsearon o si Chonita se quedó sin calzones, si el jefe es un burro consumado, si mis compañeros de labor son o no, unos reverendos insulzos y demás pormenores en la vida de cada quien.

Pero siendo sincero diré que siento que hay muchos blogs que ocupan su tiempo en eso. No porque no valga la pena escribir sobre cosas semejantes. No obstante considero que hay suficiente oferta en la blogósfera al respecto, y aunque ciertamente resulta interesante leer experiencias ajenas (pues uno puede aprender en cabeza ajena), existen miles de bitácoras allá afuera que hablan acerca de ello. Hay veces que me siento tentado a imitar de alguna forma esta tendencia, pero simplemente hago un recuento de las cosas sobre las que me gusta escribir y resulta que la política y todos sus pormenores me hacen reir más que algunas malas series de televisión (como American Idol), incluyendo a sus exquisitas contrapartes mexicanas, las telenovelas y las nóveles e interesantísimas historias, como aquella torpe reedición en la pantalla chica del cómic “El Pantera”. Intuyo, sin duda, que se debe a una cuestión meramente generacional, y allí radica la escencia del asunto.

Durante semanas me he resisitido a la idea de responder a la pobreza semántica y técnicamente periódística de cierta e importante publicación de circulación nacional. He rechazado participar en los debates sobre política que se me han presentado recientemente, y no es porque no haya nada que decir, al contrario, hay tal vez, demasiado que señalar, hay infinidad de temas sobre los cuales discutir. Desde la estúpida toma de la tribuna por parte de los Pejelovers: esos legisladores parcos, inútiles, rateros y borrachos (sólo baste recordar al actual presidente municipal de Acapulco), y que a pesar de impedir el debate político en el país, siguen cobrando sus facturas a expensas del erario público. Y no es que “la clausura” no tenga razón de ser ó porque la discusión en ambas Cámaras legislativas sea de alto nivel, ni porque se plantee de alguna forma el beneficio a los millones que vivimos y sobrevivimos en este ajetreado país, ni porque las mentadas y asquerosas reformas propuestas desde el ejecutivo federal vayan servir para maldita la cosa, incluido el impulso a la economía, ya sea para el cuidado del delicado y afectado tejido social, ó bien, simplemente para tratar de educar, concientizar y desarrollar a miles de connacionales.

Al contrario, es por todos sabido que al igual que durante las elecciones presidenciales de 2006, el gobierno actúa impunemente -con botín en mente- incidiendo sobre el temor de una amplia porción de los ciudadanos de la república. La dialéctica aquí, surge desde el pánico fundado de perder lo poco que se tiene a manos de un manipulador mediático, elevado al estatus de mesías y seguido por una masa amorfa de millones de fanáticos, quienes están dispuestos a incendiar al país mediante una revolución, y defienden los dogmatismos, tropelías, crímenes y despilfarros del líder carismático y su séquito de idiotas, algunos de ellos intelectualoides de bolsillo, quienes ostentan uno o varios “doctorados”, títulos que seguramente consiguieron mediante la compra de algún cereal con hojuelas o chispas de chocolate. A saber...

La situación es la siguiente: hubo un artículo que figuró como ocho columnas hace aproximadamente dos semanas, durante un domingo cualquiera, el cual señalaba las características generales y plenas de la ahora conocida como “Generación Y” o “generación del Milenio”. Además realizaron una comparación entre ésta y la anterior conocida como “X”, sumando una infindad de pormenores como tendencias, conductas, gustos y expectativas de vida, es decir, toda una larga serie de elementos logísticos para incrementar la venta de ejemplares. Y todo hubiera estado bien, pero llegó un punto donde se describían las características especiales de una y otra, “aparejándolas”. Y hasta allí no había problema, a pesar que habían dejado fuera peculiaridades más importantes, de una u otra. No obstante, hubo una que realmente me molestó no por la falta de rigor, el cual priva por todo el artículo, sino porque al esparcir ciertas ideas de forma masiva, se llegan a asumir como verdades incuestionables, aún cuando pueden estar equivocados los conceptos en los cuales se basan.

Lo que sigue a continuación, ningún o casi ninguno de mis contemporáneos, se tomará la molestia de contestar de manera tajante o siquiera tangencial, y no porque sean incapaces, al contrario, se debe en mayor medida a que mi generación tiene como actitud promedio no responder a estupideces, simplemente porque éste “representa un innecesario gasto de gasolina”, simboliza un esfuerzo futil, sin sentido. Puedo decir, sin temor a equivocarme que la característica más representativa de la “Generación X”, no es, como sostuvo en su bien redactado, pero despistado artículo de Ocho Columnas del día 13 de abril de 2008, el Excélsior, al señalar que: La “X” es una generación que no sabe definir si casos como la homosexualidad pueden ser considerados o no como “buenos” o “malos”.

Considero que en realidad es la antipatía y enojo que nos produce la idiotez en todas sus facetas, la característica preponderante de los "X". De ahí que tengamos como mecanismo natural, o segunda piel, el humor ácido y/o sarcástico, la poca reticencia y miramiento respecto a personas con poca cultura general, poco poder de decisión, poca visión sobre los acontecimientos a futuro, sea cercano o lejano; mucho cinismo mal entendido, mucha prepotencia y poco entendimiento sobre las causas, los hechos y las omisiones. Además de la poca tolerancia ante actos u omisiones rampantes de parte de quien sea. De ahí que ni mercadólogos, ni sociólogos hayan podido nunca definirnos y/o “encontrar la llave mágica para cautivarnos”. De hecho, nos sorprende la capacidad de “los verdaderos dueños del mundo” para estimular, acrecentar y afectar a las nuevas generaciones. Es decir, llevar por donde se les antoje, a la inmensa mayoría de individuos que constituyen las generaciones posteriores a nosotros. Y nos preguntamos cosas como: ¿No tienen criterio? ¿Les falta educación? ¿No conocen? ¿No saben? ¿Nadie les ha dicho? ¿Acaban de llegar?



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