lunes, agosto 25, 2008

¡Vaya propuesta!

Desde hace unas semanas, el actual gobernante del Distrito Federal (D.F.), Marcelo Ebrard, ha tratado de impulsar una iniciativa que intenta frenar el rampante e ilícito negocio del secuestro en la Ciudad de México. Esquema que él desearía, se pudiera implantar en todo el país. Sin embargo, y a pesar de los pseudo-intelectuales y supuestos profesionistas que le rodean para asesorarle a crear inteligentes proyectos como éste, la propuesta es verdaderamente demencial.

Según este proyecto, todos aquellos ciudadanos y residentes en territorio nacional que sufran el secuestro de un familiar, conocido o amigo, no podrán pagar rescate, pues se convertirían de facto, en acreedores directos a diversos tipos de sanción, que van desde multas administrativas, hasta una forzada visita a alguna institución penal. Asimismo, aquellos individuos que se enteren de un caso de rapto y no lo comuniquen “oportunamente” a las autoridades “competentes”, sufrirán el mismo destino.


Lo mejor en este asunto, sería que el primer mandatario del D.F. dejara de "hablar tanta paja", y se dedicara en cuerpo y alma a ejecer, plena y pragmáticamente, el cargo que tantos mexicanos le sobre-pagan (por sus míseros resultados), tanto en especie como en efectivo.


Sabemos de antemano que las corporaciones policíacas, encargadas de enfrentar a la delincuencia, están plagadas de dinero del narco. Y cómo no habrían de estarlo, si así nacieron. Los grandes jefes partidistas y sindicales, políticos, magistrados o directores de departamentos judiciales de antaño, siempre fueron señalados por testigos como los verdaderos capos del narcotráfico en México ¿Cuántos de nosotros no hemos sabido únicamente “de oídas” que personas como “el profesor” Hank González ó “El negro” Durazo eran señaladas como presuntos “jefes de familia”? Y si no ejercían como tales, seguro sí protegían los intereses de los implicados. El silencio era la única ley vigente en ese obscuro y violento mundo de complicidades.

Desgraciadamente para “la tranquilidad social”, actualmente eso pareciera haber caído en el desuso, pues ahora es todo lo contrario.


Entre más ruido se haga, pareciera que se goza de mayor notoriedad, poder e importancia. Únicamente de esa forma se explica cómo individuos de las altas esferas vivan cínicamente de “sus rentas”, conviertidos en afamadas personalidades “en el mundo de la farándula”. Cabecillas irredentos de bandas delictivas que asolan al país. Gobernadores en estados fronterizos, policías federales, judiciales, jueces, ministerios públicos, procuradores de justicia, y una larga cadena de etcéteras, se extiende por la nación.


Los tiempos en que el estado gobernaba toda extensión criminal en territorio mexicano, llegaron a su fin y el vacío que dejó la ausencia de esos antiguos mafiosos, suscitó las condiciones exactas que sobrevinieron y que sufrimos ahora, donde el caos que impera hoy día en las instituciones gubernamentales, permea a toda la sociedad. Clara evidencia de corrupción e impunidad que ha devenido en cáncer, el cual mina todas las expectativas de vida, estabilidad, paz y combate efectivo de la federación contra el crimen, pues éste sí se encuentra totalmente organizado.


Pareciera que los únicos que podemos pagar por las omisiones, negligencias, perversiones, evasiones fiscales, impunidad, clientelismo, corrupción y diatribas gubernamentales, somos los ciudadanos, esa golpeada Srita. Sociedad Civil, esa misma cansada de atropellos torpes, promesas impolutas y nunca cumplidas y "más de lo mismo", la cual ve reflejado su cansancio en los interminables discursos de las autoridades en turno. De ahí, que la propuesta del Gobierno del Distrito Federal (GDF), sea solamente una rapaz manera de adquirir notoriedad, en un momento crucial para los residentes en México, sean extranjeros o nacionales.


¿Por qué gravar más a la sociedad en su conjunto? ¿Por qué impulsar una iniciativa que a todas luces sólo se cumplirá para aquellos que menos tienen? Cosa común en suelo azteca. La impunidad con la cual se acepta la corrupción, es la que en realidad resta toda fuerza a los llamados de la gente para que se acabe con la delincuencia.


¿Por qué ese torpe afán de condenar a los ciudadanos si pagan un rescate? ¿Por qué sentenciarlos a prisión si no denuncian por miedo a los secuestradores? ¿Acaso las fuerzas del orden cumplen al condenar a criminales? Sí, esos mismos que salen libres bajo cualquier pretexto, y quienes dejan tras de si, procesos donde fueron absueltos de penas judiciales por falta de evidencia y testigos en su contra, pero que regresan con el firme propósito de victimar a aquellos que tuvieron el valor de denunciarlos.


¿Cómo denunciar, cuando se sabe de antemano que muchos de los policías en activo son parte de las redes criminales? ¿No le pasó así al niño Martí? ¿Cómo entender la propuesta de un ejecutivo local como Marcelo Ebrard para supuestamente "cerrar la llave" del dinero a secuestradores, justificando sus golpes contra la sociedad, arguyendo que así se verá que los ciudadanos deberán denunciar y no pagar nunca más a criminales? ¿No sería un asunto de sentido común, que en vez de aplicarle "mano dura" a los ciudadanos, se aplicara justamente esa misma ley, conforme al estado de derecho (y de la que tanto se jactan los funcionarios mexicanos) contra criminales de todo tipo, desde los secuestradores y narcos, hasta delincuentes de cuello blanco, funcionarios corruptos y policías criminales? Igual y al hacer esa supuesta “limpia”, todas las oficinas de gobierno quedan vacías.


Por otro lado, ¿Ustedes creen que los delincuentes se van a detener a pensar que si secuestran a alguien, la familia, conocidos o amigos del plagiado en cuestión, serán encarcelados y sentenciados por apresurarse a entregarles dinero? ¿Ustedes creen que esta medida impedirá que crudos malhechores detengan sus acciones de seguir extorsionando a las personas que capturan para que los demás integrantes del núcleo familiar del rehén no sean sancionados por las autoridades correspondientes? ¿Acaso no suena estúpido? La verdad no sé si reir o llorar…


Esto lo único que acarreará, será un menor índice de denuncias públicas. De ahí en fuera, y gracias a tales cifras, las autoridades se pavonearán diciendo que ha bajado el indicador delictivo. De verdad, hay que ser, no palurdo, sino verdaderamente un ente alienado, venido más allá de Kriptón, desvinculado de la sociedad a la cual aparentemente gobierna, para aventarse a soltar tales idioteces. No es posible que los constructores de inciativas como ésta, se solacen en su porquería, pretendiendo esgrimir una solución mágica a un problema tan complejo. Se necesitan verdaderas razones, “acciones” y propuestas, no verborrea taradúpida, disfrazada de una supuesta reflexión pensante.


Si Marcelo Ebrad verdaderamente busca acabar con la delincuencia ó con la impunidad, en la metrópoli más grande del mundo, debería terminar con las redes de clientelismo que apoyan la proliferación de comerciantes ambulantes tanto en las calles, como en el sistema de transporte colectivo, mejor conocido como Metro. Pero ahí sí, nadie comenta nada ¿verdad? O ¿Qué pasa con los casos probados de corrupción y soborno entre autoridades locales? ¿Por qué no se les condena, encarcela é impide tomar posesión de cargos públicos de forma indefinida? ¿Y qué sucede con los mandos policiales que tienen que salir de las corporaciones judiciales por probárseles malos manejos o conductas indebidas? ¿Por qué sobre ese aspecto nadie de su gobierno dice nada?


Disculparán ustedes este post, pero la verdad, la oligofrenia extrema del Estado mexicano, es una de las cosas que más me molestan en el mundo, máxime en los casos en los cuales los que proponen burradas como la citada anteriormente, sólo buscan ganar importancia en los medios de comunicación, en pos de una carrera electoral presidencial, aún sin definir.

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