miércoles, septiembre 03, 2008

Interrupción del embarazo

Habrá que reconocerse, desde cierta perspectiva, que la nueva ley del aborto en la ciudad capital de la República Mexicana es un asunto que raya en lo óptimo. Obviamente, todo visto en un ángulo que tiene su base en cuestiones que afectan la salud pública. La ahora conocida como "ley de interrupción del embarazo" es un asunto que fue edificado con la "buena intención" de proteger a la mujeres que por una u otra causa tuvieron que optar por dicho camino.

Sí, es un tema que incluye -definitivamente- la capacidad individual de cada fémina sobre su cuerpo, su vida y sus expectativas a futuro. También, podríamos señalar que el abandono de menores, dato apoyado en estadísticas, muestra una caída significativa. Amén de una dramática reducción en los decesos registrados por la ejecución de una "mala operación". Dichas cifras son contundentes. Además que existe un registro fehaciente (quiero suponer) respecto a la negativa de cierta porción de la población femenina, quienes pidieron informes respecto a cómo terminar con un embarazo "no deseado", para concluir con todo el proceso.

Cabe recalcar que gracias a las campañas en pro de esta opción, se logró afirmar el avance de las mujeres en la sociedad mexicana actual, donde a pesar de los rezagos que persisten en muchas otras esferas de la vida cotidiana, este caso en particular, produce un cierto aroma de victoria entre todos los que apoyaron la iniciativa.
Y reafirmo, sí es una cuestión que presenta una problemática de salud pública, sí existen datos sobre el avance en el respeto de los derechos de mujer, sí se hace patente la voluntad y posición de la población femenina en un país eminentemente machista, sí se redujo drásticamente el abandono de infantes en la Ciudad de México, sí disminuyó notablemente el índice de fallecimiento de mujeres sometidas a una operación de legrado. Sí, incuestionablemente es un logro, visto desde todos esos ángulos.

Sin embargo, no deja de ser un problema social, y por lo tanto, no puede perder su tinte moralista, cuya percepción provocó un álgido debate entre los que se oponían dogmática y vehementemente, y quienes exigían álgidamente su aceptación. Y este es el fondo del asunto.
No debemos dejar de observar que su valoración moral impide a todos, clarificar adecuadamente los elementos a favor y en contra de una situación como la que se vive hoy. No podemos tampoco dejar de considerar que a pesar de su satanización, éste es un recurso valioso a considerarse como parte integral de un sistema de protección a "madres involuntarias". Y sí, utilicé deliberadamente el término "madres involuntarias", porque no es posible considerar al ser humano menos de lo que autoridades, políticos, pseudo-intelectuales, engaña bobos utilitarios con título académico-científico y celebridades "almost famous" se han esforzado tanto en hacernos creer.

Únicamente se puede considerar que un bebé humano es similar a una planta o a un perrito, si nunca en la vida se ha tomado en serio esa fresca porción de vida y se ha colocado en la balanza individual, utilizando la "ética", materia tan agredida y menospreciada por los capitalistas pragmáticos utilitarios y ese dejo vanal de formal-moralidad que exhiben cínicamente los medios de comunicación del presente. Ética, información educativa que solían inculcar en las escuelas de todos los niveles en este país. Esas mismas aulas en las que el gobierno invierte una cantidad mínima y risible de dinero, comparándolo con el monto total que se autoasignan macrofuncionarios neoliberales y legisladores leguleyos con criterio microsocial. No obstante, y para reafirmar lo anterior, es pausible recordar que hasta una planta o un animal son sensibles, y que pueden percibir cuando "algo" o "alguien" representa un peligro para su existencia. Resulta absurdo entonces pensar que un "producto" con 12 semanas de gestación ni siente, ni piensa. Claro, siempre ha sido por todos conocido que cualquier ser vivo lucha por su pervivencia, y no es una cuestión fortuita o azarosa, es un hecho contundente totalmente comprobable.

De esta manera es completamente entendible que no se quiera traer al mundo a nadie solamente a sufrir, ¿Para qué hacerlo, si únicamente se conseguirá que ese futuro o posible humano experimente padecimientos, guerras, opresión, coerción, hambrunas, discriminación y en el mejor de los casos, aislamiento? ¿Para qué? Y esa es una visión transparente y general del porqué no traer niños al planeta tierra. No obstante, es una posición ególatra, tendenciosa y que busca desvincularnos de nuestra responsabilidad como supuestos padres de una criatura. Toda esa parafernalia fue ideada y comercializada para anestesiarnos y ayudarnos a deshacernos de la tribulación que significa reconocer que tenemos una "participación principal" en el embarazo de cualquier persona, seamos hombre y/o mujer.

Nuestra obtusa concepción de un problema en el cual nos hemos metido por diversas situaciones, las cuales abarcan desde la poca pericia, preparación, distracción, calentura, lujuria, deseo, omisión, sumisión e intransigencia -que pueden o no desembocar en un embarazo- nos obliga a pensar en una salida fácil, en un paliativo que nos reste culpabilidad y reduzca nuestra obligación moral, nuestra correspondencia en una actividad que eminentemente está reservada sólo para adultos. Y no tendríamos que negar el placer que provoca el sexo, su razón como diversión pura y barata, en la cual sólo es suficiente el acercamiento íntimo entre dos personas o más ¿Por qué entonces restringir su acceso a los jóvenes? ¿Cómo impedir que adolescentes cometan un error del que probablemente se arrepientan por el resto de sus días? ¿Cómo acabar con la negligencia recurrente en las personas adultas? No hay otra forma: solamente a través de la educación. Las relaciones sexuales son un asunto serio, a pesar de la frivolidad con que en ocasiones se les trata. Y tampoco su práctica es un tema que deba considerarse pecado como algunos intentan inculcar entre la gente. Y no deben malentederse las siguientes palabras: verdaderamente su goce debería estar ser reservado únicamente para adultos responsables, aquellos que puedan responder al riesgo que supone el contagio de una enfermedad venérea o ante el probable advenimiento de un bebé.

Hay que dejar de lado los lamentables y excepciones casos a la regla que suponen la violación contra una mujer. La mayoría de las personas que acuden a un centro de salud para resolver "sus dudas" y/o "su problema" lo hacen no porque hayan sufrido una vejación, sino como un método anticonceptivo, y aquí es donde se hace deplorable su uso. Sí estoy de acuerdo que cada quien haga su vida, también que se respete su cuerpo, su autonomía, su voluntad, pero sí aquí incluimos la premisa descartada por quienes no aprueban el aborto, en realidad, se está afectando la existencia y derechos de una tercera persona, la cual ni por asomo pertenece a la anatomía de la mujer, no es ni un hígado, ni un brazo, tampoco es un tumor, ni un apéndice.

Sí, es una ley diseñada para defender los derechos y cuerpo de la mujer, no obstante, ¿Dónde quedan aquellos que debieran proteger a los menores de edad viviendo todavía en el útero de la madre? Sí, esta reglamentación es una excelente herramienta, pero ¿Por qué usarla para dañar a un tercero que, en primera instancia, no debiera ser afectado? ¿No debió mediar antes la conciencia de quienes lo hicieron? ¿No debieron ponerse a pensar antes de actuar bajo los efectos de una calentura? ¿No debieron preveer las consecuencias de sus actos? Por eso, tener relaciones sexuales con otros seres humanos debería ser exclusivo de personas responsables, concientes, pues es un goce, no un juego.

Así, deberíamos dejar en letra muerta esta nueva legislación, pero no de forma imbécil, pretenciosa y dogmática, sino a través de la educación en escuelas y centros de trabajo, dejando que persista adecuadamente esta disposición judicial como red de seguridad, pero provocando su deuso, no por negligencia, sino porque ya no sería necesaria su ejecución.

Y citando a mi madre diré: "Todos aquellos que se proclaman a favor del aborto es porque ya nacieron", no hay nada más simple que eso.



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