miércoles, octubre 08, 2008

¿Libertad de expresión o expresión libertina?

Al visitar un blog del periódico El Universal, confeccionado por uno de los columnistas de esta publicación, me encontré con esta pregunta: ¿Dirías "espurio" a Calderon; que no hay libertad? Cuestión que me hizo reflexionar la siguiente respuesta:

Yo diría que las personas en general -no sólo los jóvenes- en este país confunden la "gimnasia con la magnesia". Pretenden ejercer sus derechos sin considerar sus obligaciones, lo cual se traduce obviamente en considerar que los jóvenes que recibieron el premio no violentaron en ningún momento el ambiente de la entrega de reconocimientos.

Sin embargo, si somos congruentes podremos ver que la ceremonia sufrió una irrupción dentro de sus parámetros ¿Por qué no incurrir en uun desacato pacífico como aquel realizado por un atleta durante los Juegos Olímpicos, quién recibió una presea de plata, pero durante la premiación simplemente depositó su medalla en el piso y abandonó el podio? ¿No hubiese tenido mayor impacto en los medios -al final todo telebsaura- una acción como ésta? ¿Qué caso tiene gritarle al presidente espurio o no, su desacuerdo? ¿Se ganó algo? ¿Se cambió la forma en cómo lo perciben millones de mexicanos? ¿Los que votaron por él modificaron su forma de pensar respecto a aquellos que eligieron a AMLO?

El único perdedor como siempre fue México, pero ahí ni unos ni otros se ponen a reflexionar. Todo lo observan con ojos alienados, y esa es la decepción, tanto de aquellos que defienden el acto como de esos otros que piensan que es "blasfemia". Eso es lo más triste, que el debate central, el meollo del asunto, caiga en la vanalización de una "falta de urbanidad" como una "pecata minuta", cuando en realidad, asistimos no a una desacralización de una institución -como el Poder Ejecutivo- sino como parte integral de la desintegración social a la cual se ha visto sometido el tejido de la comunidad.

¿No recibir el premio hubiera sido justificable? Tal vez, no obstante los jóvenes no se detuvieron a pensar -por muy matemáticos o intelectuales que sean- que su actitud únicamente serviría como estandarte de aquellos que apoyan la destrucción de un estado para erguir uno distinto, para mostrar el debilitamiento total de las instituciones en México, la indefensión bajo la que vivimos, la falta de educación, de urbanidad, la poca tolerancia entre mexicanos, y finalmente, la pobreza que poseemos como pueblo para construir algo más que catálogos de ofensas. Nos merecemos la realidad en la que vivimos.

Reiterando: la juventud es impulsiva y muchas veces irracional. A pesar de ello, su acción "intrépida" pretende resolverse como un asunto menor, como una "pequeña transgresión" sin repercusiones aparentes. Mentira.

Saludos,

P.D.
Después de releer mi comentario anterior, consideré que faltó añadirle la siguiente parte:
Creo desde cierto punto de vista que su actitud es entendible, pero de ninguna manera justificable. Entendible, porque me pongo en los zapatos de esos "valerosos" pubertos y comprendo que su idea sobre la libertad de expresión viene aparejada con su propio contexto histórico. En otras épocas hubiera sido impensable increpar así a una autoridad, aún menos al presidente de la República Mexicana. No obstante, sentí que solamente habían utilizado -un mal uso por cierto- su derecho a expresar libremente su inconformidad.

Por su parte, los encargados de la seguridad del primer mandatario solamente reaccionaron, como su responsabilidad lo amerita, actuando contra aquellos que violentan verbal o físicamente la investidura presidencial. No obstante, dicha respuesta solamente puede calificarse como extrema, pues la conducta de los ahora "famosos", no ameritaba de ninguna manera una detención como la que sufrieron. Además, Felipe Calderón podría haber actuado de forma diferente y no hacer siquiera un gesto contra ellos. Ese hubiese sido el camino adecuado a seguir.
Al pasar de los días he sopesado la conducta de los muchachos, y pude constatar con un poco de molestia que los jóvenes únicamente buscaban sus quince minutos de fama, nada más. En caso contrario, tal vez, hubiesen usado con mayor inteligencia su momento ante los medios.

Asimismo, las publicaciones que reprodujeron este incidente únicamente se fijaron en "lo malo". La actitud de aquellos que increparon a Calderón nulificó a las otras personas que por su esfuerzo también recibieron el Premio Nacional de la Juventud. El solo hecho, demeritó su trabajo, su constancia, los sacrificios y tenacidad que tuvieron que realizar para estar allí también, recibiendo un reconocimiento.

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