domingo, octubre 12, 2008

Sangre y Arena

He estado pensando seriamente en criticar y/o denunciar la poca cantidad de ética profesional que ejercen diversos medios de comunicación en México, en específico, los periódicos de circulación nacional conocidos como La Prensa y el Metro (publicación propiedad del grupo Reforma.com). Este par de pasquines asquerosos, por decir lo menos, no únicamente hacen alarde de su poca capacidad técnica, periodística e informativa, sino que se vanaglorian en sacar en sus páginas principales, imágenes que rayan no en lo satánico, sino en lo bárbaro, estúpido y grotesco, retratando no a un México deseable, querible, factible o real, sino un arredro de violencia inusitada e injustificada.

¿En qué nos beneficia como sociedad o en qué nos hace mejores mexicanos observar con lujo de detalle el descuartizamiento de alguien? El anhelar no verlo de frente, no significa que no ocurra o que se niegue su existencia que se pretenda incurrir en una transgresión contra la tan desgastada defensa a favor de la libertad de expresión. Todos los días se ven cosas similares en muchas y diversas partes de la geografía mexicana. Nos enteramos por otros medios de la crudeza que se vierte en todos y cada uno de los rincones y actitudes que permean en la vida cotidiana, gracias al crimen organizado, pues sus maneras, conductas, costumbres y creencias (incluyendo cosas como rezarle a la "Santísima Muerte"), contaminan la paz y estabilidad del país. Pero de allí a que se necesite ver "gráficamente" brazos, torsos, sangre, venas, tripas y cadalso, hay una gran distancia.

Sin embargo, para los dueños, jefes editoriales, "fotoperiodistas" y reporteros de este tipo de "documentos informativos" eso no es suficiente. Ellos muestran con exceso de detalle, el morbo, la necrofilia que experimentan, el amor por lo sórdido y lo obscuro del espíritu humano. Cuando las noticias así abundan, deja de ser el ejercicio periodístico el tema central y toma su lugar el mercantilismo barato, el cual se torna en un catálogo de aberraciones trágicas, se convierten en una suma que produce un ambiente degradado y enrarecido, pasto de lo que, probablemente, ocurra después. Una cosa es entender que "la muerte es una violencia indebida" (Simone de Beauvoir) y otra muy diferente diseccionar hasta la obsesión los yerros de la conducta humana.

Por mi parte, me enferma ver como los "creadores" de este periodismo se concentran -cada vez más- en elaborar un medio capaz de revolverle a uno las vísceras, pero no por el repelús de la sangre y la carne (que al final sólo somos eso: materia cruda), sino por la molestia que provocan sus absurdos intentos por causar impacto, reduciéndolo todo a una cosmovisión de simple venta en mostrador. Considero que no es suficiente justificar sus bodrios impresos señalando que ejercen el periodismo de "nota roja". Tampoco es suficiente que se precien (porque cínicamente lo hacen) de ser un diario de circulación nacional y que en sus páginas se puede encontrar todo tipo de información, presumiendo así de proteger la tan medrada libertad de expresión, término recurrente cuando se les acaban los argumentos para defender y erigir su conducta indeseable. Esas mismas razones, que no solamente son justificaciones baratas y obnubiladas, sino que constituyen verdaderos tapujos irracionales que en nada ayudan a la construcción de un país deseable y/o mejor.

Su actividad mercantil se entiende perfectamente por el número de ejemplares que se venden, por la elevada nómina que pagan a sus "colaboradores", lo cual únicamente enmarca y ensalza su objetivo como ente empresarial y cuyo último motivo de existencia constituye la comercialización de un artículo cualquiera (en este caso un diario impreso), pero que sin duda alguna, no contiene en ninguno de sus renglones básicos, un reglamento ético que busque el crecimiento de sus lectores o de la población en la cual se inserta. Ética, concepto que carece de sentido estricto en sus respectivas estrategias financieras. En realidad, sólo usan la carne del pueblo para aumentar sus ganancias, eso es todo.

Si la violencia únicamente engendra violencia ¿Qué podemos esperar de las imágenes que se quedan enterradas en la psique colectiva? ¿Para qué sirven, además de demostrar la enajenación de los delincuentes y victimarios? La importancia social del fotoperiodismo de este estilo en particular, se petrifica y funcionando meramente -y en el corto plazo- como anestesia local ante sucesos graves y funestos, lo cual al final provoca que los medios dedicados a esparcir "gráficamente la sangre" de los ciudadanos tengan que buscar "nuevas" é "inovadoras" formas de presentar los hechos cotidianos.

¡Cómo detesto al periódico La Prensa! ¡Y al remedo de diario llamado El Metro! ¡Son una verdadera basofia! ¡Hay periódicos escolares mucho mejor manufacturados con notas que presentan mayor interés y cuyo objetivo principal se centra en el crecimiento de su comunidad!


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