miércoles, septiembre 22, 2010

Post: Después del 16 de Septiembre

Ahora que ya pasó el fervor patriotero de algunos, las comilonas, los aquelarres de fantasmas, apariciones y seres malditos -ya se acerca octubre, sin duda-, amén de la descalificación constante y retrógrada de otros por un supuesto y malentendido nacionalismo, pregunto querido(a) lector(a): ¿Dónde quedó el amor a la patria? ¿Por qué el gobierno federal y todos a su cargo se preocuparon más por la celebración que por una conmemoración sobria y destinada a recordarnos qué significa ser mexicano? ¿Por qué el torpe afán de hacer gran pachanga de algo que nadie quería celebrar? Una vez más la oportunidad de mostrar, no condescendencia, sino congruencia, pasó de largo para políticos y toda su prole.

En cambio, abundaron los pésimos ejercicios cinestoides pomposos y con ínfulas de superioridad que tenían como objetivo “desmitificar” a los personajes históricos y presentarlos a los ciudadanos como individuos de carne y hueso, y puedo decir que lo consiguieron. ¡Claro!! Consiguieron ahondar más la brecha entre los individuos, sumar más fastidio por la historia y agrandar la ignorancia de la gente abusando de su sed de conocimiento digerido y su necesidad por conocer México. Saber que les ha sido velado por la desinformación, por el concepto fácil de los políticos y por el abuso de la telebasura patrocinado por los grandes monopolios mediáticos y de otro tipo, cuya publicidad durante el evento en la plancha del Zócalo no pudo ser más cínica y sucia.
Esos intentos consiguieron también profundizar la división y polarización, “haciendo su agosto” gracias a la consumación malentendida de apegarse al guión de presuntos “libre pensadores”, intelectuales de bolsillo y café de la librería Ghandi y de escépticos comunes y corrientes, quienes sustentan sus dichos en la “versión no oficial” de la historia mexicana, y con ello obviamente, buscaron atraer la atención del auditorio, optando por la salida más amarillista y usada para obtener “un buen raiting”; pero... ¿Ustedes piensan que a esas empresas mediáticas verdaderamente les importe no abusar de las “licencias literarias” para destrozar los pocos héroes patrios que nos quedan? ¿De verdad piensan que las “series históricas” las realizan con el afán de impulsar y eliminar el analfabetismo funcional, el desconcierto, desconocimiento y alejamiento sobre el acontecer de este México y que poseen millones de mexicanos? Seguro que sí...

Más que la conformación de héroes -lo que tanto a televisoras, escritores y directores interesó- fue trazar los retratos de antihéroes. Les fascinó la idea de llevar a cuadro la destrucción de esas entidades marmóleas -como ellos mismos las definieron en algún momento- para revestirlas de humanidad, contradicción y “claro-obscuros”... “Porque todos somos así”... Me imagino que fue una labor fascinante, la cual únicamente sirvió para esbozar una moral y un tejido social casi disuelto por la violencia cotidiana, la negligencia y el descuido -el de todos-. Creo que se preocuparon tanto en el que dirán y en obtener notoriedad, que se olvidaron por completo de lo que este país necesitó y encontró en su momento, y de lo cual carecemos por completo actualmente: héroes dispuestos a sacrificar todo en aras de un lugar que se pueda llamar propio, de un hogar, de un suelo, circunstancia que hoy -al parecer- todos dan por descontado, condición de la que sólo perviven restos y que a veces muchos tratan de olvidar.

Esta triste alegoría es similar al performance del “Hombre Bicentenario” levantado por los organizadores del Magno evento del 15 de septiembre. No obstante, y aunque la crítica ya se ha manifestado al respecto en lugares como Twitter, diré que: 1.- Estuvo mal planteada la construcción de una escultura que no añadió nada suscinto a la celebración, 2.- Fue mal catalogada la expectativa sobre un engendro mutante que pudiera representar el pasado y no el futuro, así como la permanencia de una nación como ésta en la historia, 3.- Estuvo mal elegida la "personalidad histórica" que se trajo a la vida -precisamente a un antihéroe-, 4.- Fue mal ejecutada la obra en medio del tedio de los espectadores, y hubo quienes -algunos pagados por los medios- la calificaban como algo espectacular y maravilloso, cuando en realidad se desdibujó todo lo contrario. ¿Por qué no escoger a alguien distinto? ¿No tenemos a personajes que valgan la pena? ¿No podrían haber puesto por ejemplo a Morelos? ¿Ese “siervo de la nación” que representa todo lo que cualquiera de nosotros desea de una patria? ¿Acaso no era el indicado?

Pero digamos que está bien, y dejemos de lado a los íconos del pasado ¿No poseemos a personalidades ilustres que pudieran llenar ese espacio? ¿Cómo hubiera quedado alguien como Carlos Monsivais? ¿No gusta? Ok ¿Y qué tal Octavio Paz, Jaime Sabines, Carlos Fuentes? Esos son sólo ejemplos de gente que amaba este país y que veía hacia el futuro, pero hay cientos más que podrían haber llenado el espacio, y que hubieran alentado un sentimiento de atracción, no de repulsión. La intención de quienes alzaron la horrible escultura -hayan pagado por ella o los que la planearon- es clara: el desapego a todo aquello que signifique unidad como país.

En fin, toda una analogía de lo mismo que pudimos contemplar en televisión abierta por más de una semana, donde ni las fechas fueron escogidas con cuidado para su presentación, ni se respetó el anhelo de millones de mexicanos, sino al contrario, se enmarcó un total desprecio por la saga épica de un país como éste. Pero como decía Don Gato (Top Cat) en el capítulo de Arabela: el que tiene la culpa que con su pan se lo coma..

¿Su visión ayudó a la reconstrucción de la moral del mexicano común y corriente? ¿Ayudó a que nos consideráramos más cerca los unos de los otros? ¿Aplastó la atomización de la que hemos sido objeto desde hace más de 3 décadas? No. Dejando de lado las pomposas presunciones: ¿Ayudó en algo su visión de una nación constituida,  de la construcción diaria de los que vivimos en México para amar a los nuestros y todo lo que ello significa? No.

Increíblemente, miles de mexicanos mordieron el anzuelo... se lanzaron a las calles con la esperanza de participar en el “Grito de Independencia” convocado en el Zócalo de la Ciudad de México, sin entender a bien de qué nos independizamos... otros tantos hicieron acopio de su pobre posición de “contracultura” y se lanzaron de lleno contra las “celebraciones patrias”, malentendiendo -y espero que no haya sido a propósito- los conceptos que miles, millones de personas antes que nosotros forjaron para darnos un suelo que poder considerar como propio... algunos incluso abusaron del significado de “ciudadano del mundo” y llevaron su significante personal a la definición del término hasta extremos radicales poco simpáticos, por decir lo menos...

¿Cómo es posible que extranjeros, consideren más a México como su patria que nosotros mismos? ¿No es patético? ¿No es triste? ¿No estamos entendiendo mal algo? Para nosotros el “american way of life” es la tierra prometida, pero para miles de foráneos, el suelo azteca constituye exactamente lo mismo: tierra de oportunidades, suelo para un nuevo comienzo, libertad, etcétera, etcétera, exactamente lo mismo que supuestamente vemos en el alienado país al norte de nuestra frontera. Y no estoy hablando de extranjeros de siglos atrás, de personas ajenas al México de hoy, sino a personas de carne y hueso, esas mismas de las que no hablan en las grandes televisoras, pues “no venden”, no representan beneficios, ni dividendos, y que tampoco sirven para empaquetar en sobrecitos de regalo dentro de las bolsitas de comida chatarra. Elena Poniatowska, Raquel Tibol, Leonora Carrington, Paco Ignacio Taibo, Rolo Diez, Dámaso Pérez Prado, Joaquín Xirau, Ramón Xirau y cientos más.

Yo no creo en nada ni nadie, soy un escéptico más, no creo en el gobierno, ni en los partidos políticos, ni en las buenas intenciones de uno y de otro. No creo que las televisoras en Chapultepec y en el Ajusco tengan las mejores intenciones y sean empresas “con responsabilidad social”. Esos cuentos no son más que fantasías aladas de los actores que buscan a toda costa un beneficio personal. No obstante, sí soy alguien que busca en qué creer, y me gustaría hacerlo en nosotros y en lo que pretendemos para nuestro país, para nuestro futuro y el de nuestros hijos. En eso sí que me gustaría depositar mi fe, esperanza y el trabajo de mis manos.

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