domingo, junio 12, 2005

La inmundicia

Al principio parecía adecuado, limpio y conservador, pero al darse cuenta de la estupidez decidió arrojarse de lleno a la tarea de desaparecerlos a todos.
Las casas se veían desde dentro. Sólo algunos grafitis escapaban a la destrucción del moho. De la gente sólo se podía decir que habitaban en ese sitio por costumbre. Esa fea costumbre de vivir sin conciencia. Sólo eran ecos de personas, de individuos. Muchos de ellos ni ruido hacían, sólo eran sombras de otro.