domingo, junio 01, 2008

Los hombres y el tabaco

Es increíble cómo algunas cosas se modifican con el paso del tiempo. Es maravilloso comprender que en esencia somos los mismos, aunque sencillamente nos transfomamos constantemente. Sí, creo que después de todo es cierta aquella idea del antiguo filosofo griego llamado Heráclito, quien decía que la realidad es una, pero siempre cambiante. Todo lo representó gráficamente al comparar la realidad con las llamas del fuego o las aguas de un río. La esencia de las flamas y de las aguas del río siempre son las mismas, no obstante, cada llamarada se prende y se apaga, casi al instante mismo de nacer. Asimismo, nunca podremos bañarnos en las aguas de un mismo río, pues este circula de manera incesante, sin descanso.
¿Podría ser que con el género humano sucede lo mismo?

En algunas ocasiones, sí llega a sorprenderme la forma como las personas reaccionan ante un estímulo, hecho ó circunstancia, ya sea para bien o para mal. Tomemos por ejemplo las relaciones entre homosexuales hace 20 años. Si la gente no llegaba considerarlas pecado, sí las calificaban como desviaciones. Hoy en día, y gracias en gran parte a la tolerancia que ha mostrado la "Generación X" desde hace un par de lustros, las personas que profesan sus preferencias pueden deambular por las calles mostrando su cariño sin tener que sufrir la agresión de antaño.
Puede uno no estar de acuerdo con su forma de vivir o expresarse, pero considero que todos salimos ganando, al mostrarse libremente una faceta más de la cultura humana. Obviamente, todo patente, de forma comedida y respetuosa ante los derechos y libertades de terceras personas. No con censura, sino contemplando la diversidad y las diferencias, esas que debieran sumarse y no restarse, por nuestro propio bien.

Desde esta perspectiva, todo es lindo, todo es bello, sin embargo, no todos salen ganando, algunos verdaderamente pierden, y para muestra un botón. Durante muchos años, el estereotipo de libertad, reencuentro con nuestras raíces personales, con la naturaleza, con lo verdadero, con la formación del espíritu, del carácter, de la auto-confianza, de lo esencial, de todo aspecto viril, en el cine estuvo identificado con el cliché del vaquero cabalgando sobre su fiel y confiable "cuaco" hacia el el horizonte, en una bien retratada postal, mientras el ocaso, el atardecer caía sobre las montañas y bosques, los cuales fungían como escenario, como fondo de innumerables experiencias y aventuras. Ser o pretender ser un vaquero, solía ser sinónimo de hombría, heroismo y valentía, miles de hombres pasaron por las pantallas del séptimo arte, incluidos Henry Fonda, James Stewart, Gary Cooper, John Wayne, Clint Eastwood, Charles Bronson, Lee Van Cleef, Lee Marvin, Paul Newman, Robert Redford, y otros más, haciendo gala de autosacrificio, honestidad, buena puntería, y una enorme exhibición de voluntad, únicamente por su afán de terminar el arduo y pesado trabajo en el campo. Además, existieron series de TV, consideradas hoy día, como verdaderos clásicos, entre las que podemos contar a Bonanza, Wild Wild West , El Gran Chaparral y Gunsmoke.

Algunas marcas "hicieron su agosto" y durante décadas les funcionó a la perfección. Usaron hasta el hartazgo una idea sembrada en el imaginario colectivo durante más de 40 años. Colocaron carteles gigantes en carreteras y caminos, instalaron espectaculares al lado de las principales avenidas en pueblos y ciudades, compraron publicidad en las revistas más importantes, incluidas aquellas sólo destinadas a caballeros, entre ellas Playboy y Penthouse. En algunos casos, al mirar televisión era automático y representativo asociar de inmediato la música de la película "Los Siete Magníficos" -protagonizada por Yul Bryner- con la transmisión de un familiar spot de tabaco. Claro, estoy hablando particularmente de la marca Marlboro, una firma de cigarrillos que usó acertadamente imágenes de hombres con rostros curtidos por el sol, laborando "a brazo partido" entre cabezas de ganado. Pero todo eso terminó, cuando el género del "western" murió de un certero balazo en la cabeza, al más puro estilo de la mafia, al momento de estrenarse a principios del siglo XXI el filme "Broke Back Mountain" donde la amistad entre vaqueros, se tornó en un tormentoso romance entre hombres. Y ese fue el final del género "western" como lo habíamos conocido hasta entonces, incluida la racha de éxitos publicitarios vinculados con Marlboro.

Se ha intentado revivir inútilmente esta línea con la realización de largometrajes como El tren de las 3:19 a Yuma ó El asesinato de Jesse James a manos del cobarde Robert Ford, pero todo ha sido en vano. Al final, el duelo no lo ganó el más rápido con el revólver, sino que se irguió como vencedor y sobreviviente, la campaña publicitaria más éxitosa.
De hecho hoy en día, una de las urbes conocidas o reconocidas como una de las tantas "cunas" del estereotipo "vaquero", la metrópoli de Dallas, es actualmente una de las ciudades más "pro-gay " en el mundo.

Y después los académicos se preguntan el porqué del abandono repentino -y casi masivo- de un hábito tan arraigado en la sociedad como el tabaquismo, mientras tanto, las mujeres se cuestionan porqué ya no hay hombres como en antaño...


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