jueves, noviembre 30, 2006

Ciclo a la vista

A unas horas que concluya el foxiato quedan más preguntas que respuestas. No sólo eso, queda la convicción que la transición mexicana a la democracia va en una larga pero ininterrumpida ruta de desgaste y autodestrucción.

Las escenas de las golpizas en los congresos Federal y del estado de Tamaulipas no son graves por el qué dirán, como la chabacanería de Televisa nos quiere decir. No, lo son porque expresan con claridad la incapacidad de las élites mexicanas de la política para dialogar y llegar a acuerdos medianamente sensatos para el futuro del país.

Este paréntesis negro en la historia de México terminará en unas cuantas horas más, pero lo más grave es que nada parece indicar que al cerrarse este paréntesis las cosas vayan a mejorar.

No sólo no hay la disposición de las partes para que mejoren. Y las partes no son sólo los perredistas intransigentes, son también los panistas hipócritas que se rasgan las vestiduras por una toma de tribuna en San Lázaro, pero no dudan en hacer lo mismo en el congreso de Tamaulipas. Panistas y perredistas tienen al país como rehén de sus excesos y desatinos.

No sólo eso. El gabinete presidencial del próximo gobierno augura peores días para el país. ¿Qué credibilidad va a tener el próximo secretario de la Función Pública, Germán Martínez, para vigilar el funcionamiento del gobierno federal si él mismo defendió los excesos de la familia del presidente electo durante la campaña?

¿Con qué capacidad va a negociar el secretario de Gobernación, Francisco Ramírez Acuña, cualquier acuerdo después de la manera en que "garantizó" el triunfo de su partido en las elecciones locales del estado de Jalisco?

¿Cuántas mutaciones vivirá en los próximos días Hidebrando para garantizar que sus accionistas sigan beneficiándose con contratos del Poder Ejecutivo Federal?

Del lado del PRD las cosas no pintan mejor. Al delirio de grandeza de sentirse Juárez redivivo, Andrés Manuel López Obrador deberá agregar las consecuencias del juego peligroso en el que ha metido a sus diputados. Peligroso no sólo por lo que hace a la capacidad del congreso para construir acuerdos una vez que la toma de posesión termine. Peligroso, sobre todo, porque inicia la peligrosa cadena de agresiones que desatan los ciclos de violencia.

Es el regreso a las peores épocas del XIX mexicano, el regreso a las épocas en las que la intolerancia y soberbia de conservadores y liberales campeó sumiendo al país en un ciclo de violencia que nos tomó más de 40 años concluir, sólo para sumirnos en el sopor de los 30 años de porfiriato.


P.D.
Esta fue una colaboración que le pedí de manera expresa a mi amigo y compañero Rodolfo Soriano del blog México desde fuera, a propósito de estos tiempos confusos en nuestro país.
Gracias Rodolfo, este es un excelente texto.



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