domingo, abril 03, 2005

El Papa ahora,

Todos los grupos antes citados (aquí) ahora se cuestionan sobre el posible legado histótico del Papa Juan Pablo II. Increíblemente, asociaciones e individuos a favor del sexo irresponsable, grupos de homosexuales, feministas y asociaciones reaccionarias radicalizan sus ideas al momento de enterarse de la muerte del Sumo Pontífice. Es obvio. También es comprensible y previsible que lo harán y seguirán haciendo. Tratarán de "abrir" a la Iglesia Católica para que "progrese". En más de una ocasión he expuesto que todos pueden hacer de su vida un cacahuate, es derecho de cada quien hacer lo que desee con su existencia. Si el Papa estaba a favor o en contra del aborto, de los condones, de los homosexuales, es un hecho que no debe salirse del contexto religioso en el cual se movía Karol. La Iglesia Católica Apóstolica y Romana tiene preceptos bien definidos, los cuales en algunos casos han sido revisados y actualizados. Sin embargo, nadie ha perdido de perspectiva el hecho que la Iglesia como tal, sólo es una. Por otro lado, si el hombre como género decide tener sexo sin condón o con él, si decide desarrollar relaciones homosexuales, si considera tener hijos de forma irresponsable, si quiere iniciar guerras con la venia del Creador, si desea que las mujeres sean aceptadas para oficiar servicios religiosos de todo tipo, puede hacerlo; pero no dentro de esta institución. Los individuos pueden en su libre albedrío escoger lo que mejor le parezca. Formar su propia congregación, sus propios ritos, sus relaciones entre feligreses. Pero el Dios cristiano es uno, no hay manera que el hombre, en su poco racionio, trate de adecuar a Dios a sus necesidades, cuando desde el principio la relación siempre estuvo planteada al revés. Hay un ejemplo que siempre expongo con el desagrado de la mayoría de los que me han escuchado: Cuando el rey David llevaba de regreso el Arca de la Alianza a la ciudad de Jerusalem, una persona que iba detrás de la carreta donde era transportada, trató de detenerla pues parecía que caería. Al instante de tocarla, aquel individuo cayó muerto. ¿Por qué falleció? Por una simple razón: Dios había dicho desde el principio que aquel que tocase el Arca sin las debidas precauciones, sin duda moriría y así fue. Este hecho puede gustar o disgustar, pero fue una orden directa, la cual fue desobedecida. ¿Y qué pasa con la "buena voluntad" de aquel hombre? No importó. La ley es una. Diría mi madre: "Hijo el camino al infierno está plagado de buenas intenciones"
Si usted desea ganarse la entrada al cielo sólo hay un camino, no varios. No existe uno que me guste a mí -a usted- porque se adecúa a mis necesidades u otro que me justifique, porque así es mi historia, mi vida o cosas semejantes. Puede entrar usted o no, ese es el libre albedrío. No hay manera de elegir "un camino". No, no caiga usted en ese juego, muy peligroso en verdad.