viernes, marzo 18, 2005

¡Ah, los Partidos! ¡Esos bonitos partidos! I

Cuando el Partido Acción Nacional (PAN) ganó las elecciones del año 2000, muchas personas se arrojaron a las calles -principalmente al Ángel de la Independencia- para mostrar su simpatía por la victoria de Vicente Fox. Ésta representó la primera demostración sincera en muchos años del pueblo mexicano, el cual buscaba una salida a los problemas arrastrados desde siempre: violencia, corrupción, abuso de autoridad, pobreza, olvido, atraso económico, desempleo, analfabetismo, falta de atención médica, entre muchos otros (1). Sin embargo, las condiciones de "pluralidad" estaban dadas para evitar que existiera una ventaja política para cualquiera de los partidos, incluyendo al Partido Revolucionario Institucional (PRI). Era necesario implementar nuevos caminos para consolidar una "verdadera política" en México. Si alguien como Madrazo quería impulsar una moción en la Cámara de Diputados o en el Senado de la República, era indispensable negociar con las otras partes del espectro. Algunos analistas observaron detenidamente esta situación: Fue el pueblo quien impuso estos "candados", a fin de impedir la rapiña entre las asociaciones partidistas. La sociedad en su conjunto decidió las reglas del juego al cual tenían que ceñirse los actores políticos. Las cosas pintaban, sino bien, pues sí con cierta tendencia positiva.
Después de unos años, el grueso de la población comprendió lo que muchos ya sabían desde la precampaña de Fox -porque Chente también hizo una precampaña, la cual duró dos años-. El tipo era un mitómano con poca preparación académica y corta visión política en general, forjado por su experiencia laboral en Coca-Cola. Adversarios panistas como el Jefe Diego lo detestaban por eso, pero tuvo que apechugar para que su partido ganara el máximo cargo en el país. El exgobernador de Guanajuato -quien consiguió avasallar la voluntad de sus detractores en su entidad de origen- pensó que gracias al "carisma" y "las buenas intenciones" sería posible gobernar en "santa paz". Se olvidó por completo de las aspiraciones de su aliado el Partido Verde Ecologista de México (PVEM), cuya dirigencia terminó cancelando sus vínculos del 2000 con el PAN. También se olvidó de las metas de su recién vapuleado adversario, el PRI -seriamente herido; pero no muerto-. También, pensó que llegar y sentarse en la silla presidencial era suficiente para imponer sus deseos a los demás. Martita también cometió el mismo error. Creyeron que las fracciones en el senado acatarían su voluntad sin necesidad de negociar. Fue así como salieron a relucir asuntos como el de "las toallas", "El sPAN" y trabucles semejantes.


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(1) Situación que me recuerda el texto de Carlos Fuentes, "Tiempo Mexicano" donde ubicó bien esta realidad. En fin, aquí el autor de "Aura" nos dice que el tiempo en tierra azteca nunca acaba, hay promesas incumplidas, inacabadas. Lo mismo convive un templo azteca que una catedral, pues cualquiera de los dos puede ser la base sobre la que se cimente el otro. Las promesas de un México revolucionario -ninguna de las cuales se ha cumplido- pueden coexistir con las visiones tecnócratas de una cúpula en el poder.

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