domingo, abril 16, 2006

Pedro Romano y el fin de la Iglesia Católica

Durante estos días santos mucha gente ha vuelto a tocar el tema de las profecías que hablan sobre la llegada de un Papa falso al frente dela Iglesia Católica, otros hablan de la llegada del Anticristo en la fecha del 6 de junio de este año pues la fecha forma el número de la bestia si lo vemos este esta manera: 06-06-06 o sea 666. Mucha otra gente piensa que es absurdo y que no estamos a puertas de ver al falso Papa ni mucho menos al Anticristo, quien se supone llegará después del farsante, pues las profecías han sido mal interpretadas.
¿Qué es entonces lo que falta para que pueda manifestarse este rebelde y aparezca públicamente la falsa iglesia y el falso pastor, es decir, un falso Papa?. La clave está estrechamente relacionada con la muerte de Juan Pablo II, la elección de Benedicto XVI (lo que le reste de pontificado) y el advenimiento del llamado Pedro Romano, según la profecía de San Malaquías del siglo XII.

En efecto, en primer lugar tenemos que Juan Pablo II fue el Último Papa antes de comenzar el Fin de los Tiempos. Por tanto, a partir de su muerte --ocurrida ni más ni menos que en la víspera de la fiesta de la Divina Misericordia -- silenciosamente se ha disparado el reloj del Final de los Tiempos. Así lo profetizó María Santísima -como lo hemos dicho anteriormente- en las conocidas apariciones de Garabandal, España, cuando dijo que "después de Juan XXIII sólo quedarían tres Papas (Paulo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II) y luego vendría el Final de los Tiempos". En otras palabras, todo su pontificado de 26 años y 5 meses constituyó una verdadera preparación al mundo y a la Iglesia para el futuro encuentro con Cristo en Su Parusía. Pero al mismo tiempo, Juan Pablo II recordó que sólo a través de la cruz, el dolor y la purificación de la Iglesia es posible asistir a esos Tiempos Nuevos, a esa Nueva Primavera para toda la Iglesia.

Las exequias de Juan Pablo II sentaron un precedente nunca antes visto en la historia conocida. Se calcula que cerca de dos mil millones de personas fueron testigos en algún momento de la misa de cuerpo presente. Esto confirma la profecía de Santa Faustina Kowalska, religiosa que fue instrumento para la propagación de la Divina Misericordia, y a quien en el año de 1933 el Sagrado Corazón de Jesús dijo lo siguiente: "Quiero a Polonia de una manera especial. Si es fiel y dócil a mi Voluntad, la elevaré en poder y santidad, y de ella saltará la chispa que preparará al mundo a mi Segunda Venida". Esta chispa que salió de Polonia fue sin duda alguna Juan Pablo II.

Así pues, con su muerte se ha iniciado el final de los tiempos de la humanidad. La lucha entre el Dragón y la Mujer ahora tendrá manifestaciones más violentas y abiertas hasta su total conclusión. Grandes catástrofes naturales golpearán a la tierra. México también será probado. Varios acontecimientos ocurrirán en el futuro inmediato, entre ellos el ataque a la Iglesia, ataque que vendrá desde su interior y que provocará un gran cisma, que será el último detonante para la aparición del Anticristo, entre otros acontecimientos que iremos viendo más adelante.
Por su parte, Benedicto XVI no es sino el Pontífice elegido por el Espíritu Santo para asumir y completar la pesada cruz de la Pasión de la Iglesia que ya cargaba penosamente Juan Pablo II. El Cardenal Ratzinger será como el cireneo que ayudará a llevar la cruz hasta el Calvario para que la Iglesia sufra ahí su terrible crucifixión, siempre necesaria para que pueda renovarse completamente según el Plan Providencial de Dios.

Ahora bien, Benedicto XVI es el Papa que le corresponde la divisa de "la Gloria del olivo" según la profecía de los Papas de San Malaquías. Como se sabe, esta profecía privada es una de las más famosas que aluden al Final de los Tiempos. Aunque se refiere a los Papas no se considera como una profecía canónica a la que debamos prestar fe como las contenidas en la Sagrada Escritura. Se le atribuye a San Malaquías, Arzobispo de Armagh, Irlanda, y consiste en una serie de lemas o divisas con que se llama o designa a cada uno de los 111 Papas, que según su autor, ocuparían la Silla de Pedro desde 1143 hasta el advenimiento de Pedro Romano, quien cierra la lista. Para entender la trascendencia y actualidad de esta profecía, ubiquemos que Benedicto XVI es el último de la lista, es decir, el Papa 111. El anterior al enigmático Pedro Romano, cuyo análisis haremos a continuación.

Con la elección de Benedicto XVI la Iglesia asume una postura de mayor definición, lo que provocará una mayor crítica de parte de los adversarios de la Iglesia y de los cristianos tibios que desean reformas en la fe y la doctrina que se ajusten a los nuevos tiempos. Los analistas de los medios de comunicación que se empeñan en ver a la Iglesia como una institución meramente humana sin vinculación a su origen divino anuncian ya la siguiente disyuntiva: o el Papa Benedicto XVI se abre a una mayor flexibilidad que conlleve una reforma de fondo para la Iglesia o asistiremos al "fin de la Iglesia Católica" como se le conoce hasta ahora. La realidad es que estos hombres no saben lo que dicen ni tienen idea de lo que es la profecía del Final de los Tiempos anunciada en el Apocalipsis. La Iglesia va a sufrir una gran prueba que Dios permite para Su mayor Gloria y de la Iglesia misma. Está profetizado que "las puertas del Infierno no prevalecerán sobre ella," pero también está profetizado que Dios permitirá a la antigua serpiente un ataque sin precedentes, pues el hombre ha rechazado la Verdad en Cristo que lo salvaría. Por lo anterior, inexorablemente Benedicto XVI se convierte en el último obstáculo que debe ser removido para que aparezca el falso Papa.

Hay quienes afirman que Benedicto XVI es el falso Papa, el falso Pastor. El argumento se basa en la equivocada interpretación de las profecías privadas que afirmaban que Juan Pablo II era el último Papa antes del Fin de los Tiempos, y como está anunciado el cisma y la venida de un Antipapa, pues resulta que este debe ser el Antipapa esperado, por lo que todo lo que diga o haga les parece sospechoso.

Lo anterior es resultado de un torpe y nulo análisis serio de las profecías privadas a la luz de la Sagrada Escritura. No se puede perder el realismo de los hechos ni afirmar tales aseveraciones sólo porque las profecías no pueden dejar de cumplirse. Desde luego que se van a cumplir, pero hay que saber estudiar y meditar sobre el cumplimiento de las profecías a la luz de las señales de los acontecimientos actuales.

Afirmar, sin más ni más que Benedicto XVI es el Antipapa es temerario y no resiste el más mínimo análisis fundado en la Verdad. Es decir, afirmar que Benedicto XVI es un Antipapa exige por definición que haya un Papa verdadero. ¿Quién es? ¿Juan Pablo II? ¿Que está vivo y escondido en algún lugar? No nos metamos en un círculo infernal del cual no sabremos cómo salir. Por tanto, mientras el Papa reinante haya muerto o renunciado válidamente, no se puede levantar la sospecha de que el siguiente Papa nombrado es antipapa. No nos confundamos, es necesario tener la evidencia: no es suficiente una duda. Si el argumento es dudoso, no hay derecho a sacar conclusiones que tienen consecuencias enormes.

No se pretende ser infalible, pero pensamos que siempre debe existir una línea de realismo, que en el caso actual no existe. Juan Pablo II murió, está en el Cielo y el actual Papa es legítimo. Si se hubieran nombrado 2 Papas, entonces sería válido preguntarnos ¿cuál de los 2 es el auténtico? Esta situación se va dar, pero no se ha dado ahora.

El Papa Benedicto XVI fue elegido en un cónclave válido y él es un Papa legítimo y válido. No hay argumento teológico ni lógico para afirmar lo contrario.

Benedicto XVI es pues el Papa al que le corresponde el lema o divisa la gloria del olivo. Este Papa es el 111 de la lista de la Profecía de San Malaquías. Es decir, es el último, porque el siguiente no tiene ya lema o divisa latina alguna, ni tampoco se le asignó un número consecutivo, en este caso el 112, sino que sin más el autor de la profecía agrega el párrafo siguiente: "En la última persecución a la Santa Iglesia Romana, ocupará la silla Pedro Romano, que habrá de apacentar sus ovejas padeciendo muchas tribulaciones, pasadas las cuales la "ciudad de las siete colinas" (Roma) será destruida y el juez tremendo vendrá a juzgar a su pueblo". Del texto precedente es claro que no se habla del último Papa de la Iglesia, ni el último Papa antes del Fin del Mundo, sino del último Papa elegido desde la Iglesia que está en Roma, de ahí la frase "en la última persecución a la Santa Iglesia Romana", por lo que ya no habrá más Papas romanos, pues coincidirá con el Fin de los Tiempos cuando según la propia profecía, la "ciudad de las siete colinas", es decir Roma, será destruida, tal y como lo confirma el mismo Apocalipsis.

De tal suerte que de acuerdo con el Apocalipsis, Roma será destruida, y no se refiere a la Roma de los Emperadores, sobre la cual se levantó la Roma cristiana, sino a la actual Roma, por que Dios la va a condenar y destruir para nunca más aparecer (Ap 18, 4 y siguientes). Recordemos que las notas esenciales de la Iglesia son Una, Santa, Católica y Apostólica. La nota de Romana no es esencial, es accidental. La Iglesia está ahora en Roma pero ya no lo estará más en el futuro, y eso no le quita nada a su esencia.

Sea cual sea el status, debemos de analizar esta profecía a la luz y en conjunto del resto de las profecías sobre el Final de los Tiempos. Entonces, bajo Pedro Romano se darán dos Papas, o más bien, uno sólo es legítimo, ya que el otro es un "Papa" impuesto a la fuerza por medio de la traición – salido de entre los cardenales, desde luego – y que encabezará, como ya se explicó al hablar del proyecto de las masonería una iglesia falsa. Al ser falsa esta iglesia, en realidad ya no puede ser ni Papa ni antipapa porque de hecho no es parte de la Iglesia Católica, sino parte de una asociación extraña a ella. Es un impostor de una religión falsa, que no obstante se proclamará Papa de la Iglesia Católica Romana, duplicará el libro de la Iglesia y el mundo así lo aceptará. Por eso anotábamos lo de "una nueva iglesia desde la Iglesia Católica y contra la Iglesia Católica". Quizá sea esta la razón de fondo de que Malaquías no lo haya incluido en su lista de antipapas (San Malaquías profetizó a 10 antipapas y que están dentro de la lista de 111 Papas) y por eso solamente menciona a Pedro Romano.

Lo que es claro y cierto es que este enfrentamiento de Papas, que divide a la Iglesia en dos bandos, pone fin, como efecto de la misma apostasía, a los sucesores de Pedro salidos de Roma. Así pues, se llamen como se llamen, o en su caso, que ambos tomen el nombre de Pedro, el punto que nos interesa dejar en claro es que en este periodo del Pedro Romano se dará el cisma de la Iglesia, donde la Iglesia Verdadera será aquella "Mujer que huye al desierto en medio de grandes dolores de parto" (Ap 12, 6) pues es sujeta de una gran persecución y sufrimiento, cuya consecuencia será el "dar a luz a un niño varón que con cetro de hierro regirá a las naciones" (12, 5), es decir, a Cristo Rey en Su Parusía.

Por contra, la otra iglesia, la iglesia Falsa es la "Gran Ramera que fornica con los reyes de la tierra, revestida de púrpura y escarlata, resplandeciente en oro y piedras preciosas, pero que se embriaga de la sangre de los mártires, mujer que está sobre una bestia de siete cabezas y diez cuernos y las siete cabezas son siete colinas sobre las que se asienta la mujer" (17 1 – 9), que es precisamente Roma.

De hecho, las dos Iglesias tienen una misma raíz y origen. Pero mientras que una se mantuvo fiel a las enseñanzas de Cristo y sus apóstoles, de ahí que "esté vestida de sol y que esté coronada con doce estrellas sobre su cabeza" (12, 1), la otra se "prostituyó con los poderes de este mundo" (12, 2). Y por ser una misma y sola Iglesia en su origen, las dos son guiadas y representadas por el Papa Pedro Romano, pero uno será verdadero y el otro será falso; uno será legítimo y el otro ilegítimo; uno guiará a la Iglesia Verdadera al desierto "donde tiene un lugar preparado por Dios para ser allí alimentada por 1260 días" (12, 6), es decir, a la oración y al sacrificio en medio de grandes sufrimientos; el otro, el Papa impostor llevará a la iglesia falsa, remedo de la Iglesia Católica, a "desposarse con el mundo al servicio del Dragón y haciéndole la guerra a los hijos de la otra Mujer", de la otra Iglesia, "quienes son los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús"(12, 17) y a poner a la iglesia falsa, finalmente, al servicio de la Bestia, es decir, del Nuevo Orden y Gobierno Mundial.

Bajo el signo de Pedro Romano quedará patente a la vista de todo el mundo el desgarrador y penosísimo cisma de la Iglesia. No se piense que esta división tiene lugar ahora, sino que ya por un largo tiempo, desde principios de siglo, con las ideas del modernismo y el siniestro, oculto y diabólico proyecto de la masonería se ha ido minando, poco a poco, pero consistentemente, los cimientos de la Iglesia. Por eso en La Salette primero y en Fátima y Garabandal después, solo por citar estas manifestaciones, la Santísima Virgen vino advirtiendo cuál sería el futuro de la Iglesia si no había una auténtica conversión de corazón y se continuaba por el camino de la desviación doctrinal, moral y espiritual, que estaba llevando a muchos sacerdotes, obispos y cardenales a caminar por el ancho sendero de la condenación eterna.

Hoy existe un cisma virtual, una Iglesia dividida que alcanzará su clímax con el enfrentamiento de los dos Papas. Este cisma será muy particular, pues todo apunta, de acuerdo al análisis minucioso y detenido de las profecías, a que del mismo cónclave surja la división que hará que cada grupo de cardenales nombre a su propio Papa. Es decir, al no ponerse de acuerdo y al haber división, los cardenales fieles a Cristo, a Su Doctrina y a Su Ley nombrarán al Papa legítimo que el Espíritu Santo les inspire; el otro grupo de cardenales se juntarán también y no les importará si se ha nombrado a otro Papa, ellos nombrarán al suyo bajo su compromiso con la serpiente, a quien realmente sirven, y entonces la Iglesia tendrá dos Papas. Parecía que este hecho iba a suceder a la muerte de Juan Pablo II, pero tal y como se ha constatado en la elección de Benedicto XVI, esto no sucedió por ahora. El voto expresado por una mayoría importante de cardenales a favor del Cardenal Ratzinger no indica, como pudiera pensarse, que la Iglesia es modelo de unidad y concordia. Más bien, la fuerte presencia del extraordinario Pontificado de Juan Pablo II contribuyó a mantener cierta cohesión entre los cardenales y evitar que las fuerzas antagónicas se rebelaran abiertamente para que se diera el cisma en este momento, ya que la memoria reciente de Juan Pablo II no lo merecía. Pero tenga el lector por seguro que los enemigos de la Iglesia están en su interior y no cesarán en su proyecto de tener un Papa de acuerdo a sus intereses. Incluso y como mera especulación, no es remoto pensar que se haya elegido al Cardenal Ratzinger bajo ciertas condiciones, como quizá, por ejemplo, que al llegar a los 80 años presentara Benedicto XVI su renuncia. Conste que es una hipótesis.
Adiós!.




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